HUMOR CIENTÍFICO

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martes, 5 de mayo de 2015

FLIPY CLASSROOM


    En el actual mundo del panorama educativo surgen nuevos métodos pedagógicos con tanta rapidez como las setas en otoño tras una semana de lluvias. La última innovación con la que me he topado es la “flipped classroom”, en cristiano, “clase invertida”.
    Lo de invertida viene a cuento de que se invierte el orden en el que se suelen hacer las cosas. El alumno estudia en su casa la “teoría” o el tema, visionando vídeos caseros, hechos por el profeso, o seleccionados por éste en internet. Después se “debate” en clase el tema, aclarando los conceptos estudiados, comentando entre todos (esto incluye al profesor) lo aprendido y realizando a continuación aplicaciones prácticas (entiendo que problemas y prácticas experimentales en el caso de física y química). Como podemos apreciar, algo muy del gusto moderno: se tocan competencia TIC (o digitales, vulgo internet), competencia lingüística (hay que debatir) e incluso de lengua extranjera si se tercia (si el profesor tiene la feliz idea de poner algún vídeo o blog en inglés).
    Admitamos su valor como experimento innovador para realizar puntualmente, pero ¿Y que tal como método de trabajo?. Cuando me hago estas preguntas, casi siempre termino acordándome del Titanic. Naufragio total.
    Eso de que los alumnos estudian la teoría en casa, la entienden y después son capaces de debatir sobre ellla, haciendo preguntas inteligentes que desmenuzan el tema con la sabia dirección del profesor no me cuadra.
     En mis clases me encuentro con que, en el mejor de los casos (como en mi tutoría actual), los alumnos entienden lo que digo y lo comprenden, pero la mayoría no lo interiorizan. Quiero decir que no han comprendido realmente el principio físico que hay detrás de las ecuaciones y los términos. Esa interiorización se consigue posteriormente,a través de los problemas propuestos (en un cierto orden) por el profesor y que el alumno trabaja en su casa y que se discuten (la mayor de las veces, discuto) en clase. Y con respecto al trabajo en casa, lo normal es conseguir que el alumno haga problemas con “lo que se acuerda” de la teoría dada en clase. En pocos casos “estudian” la teoría o el tema para profundizar y entenderla antes de hacer ejercicios.
    Así que imagino la situación: el profe pregunta que han entendido los alumnos del vídeo y el 80 % (que ha visto el vídeo mientras hace una lámina de dibujo o mira el wasa de reojo) contesta que nada. Toca explicar el vídeo. ¿Un poco tonto, no os parece?.
   Pero reconozco que soy muy escéptico. Supongamos que sea un método que funcione. Estamos en una situación ideal y todo va sobre ruedas. ¿Bien?. Pues tampoco. Es un método lento.
   En el mismo blog de la “flipped classroom” se reconoce que el número de prácticas que se pueden hacer es pequeño. Para el desarrollo de una practica sobre el movimiento de un péndulo se necesitan muchas sesiones de trabajo. A cambio los alumnos saben mucho sobre péndulos (cosa nada extraña con el tiempo dedicado a ello) y aprenden a desarrollar métodos de investigación.
   Genial. Lo que pasa es que podemos conseguir que los alumnos tengan conocimientos de un nivel aceptable sobre péndulos en bastante menos tiempo, con lo que podemos dar mas conceptos de los que los alumnos flipped saben poco o nada.
    A menos que se persigan objetivos diferentes. Si en vez de tener alumnos que han aprendido conceptos básicos de física y química (trabajo, energía, fuerzas, movimiento, leyes básicas de química, disoluciones, calor...) deseamos tener pequeños científicos que piensen y descubran (leyes ya descubiertas por grandes pensadores no profes de instituto con chavales de instituto, ojo) por sí mismos, entonces si que la flipped classroom puede ser un buen camino.
   No pasa nada si pensamos así. Pero hay que ser consecuentes: cambiemos los planes de estudio y sus objetivos, eliminemos exámenes con contenidos en selectividad, hagamos libros nuevos, cambiemos las clases por laboratorios y dejemos las ratios en 15 alumnos con menos clases para los profesores (hace falta mucho tiempo para planificar prácticas).
    Y si tras quince años los informes PISA nos siguen dando calabazas, reconozcamos nuestros errores y diseñemos un modelo educativo diferente que se adapte a nuestra idiosincrasia y características.
   Por eso la flipped classroom no puede pasar de ser un pasatiempo pedagógico a utilizar como bonita experiencia motivadora. Lo mismo que el desarrollo de trabajos multidisciplinares (tan en moda ahora en los jesuitas) en institutos o colegios; impuestos a golpe de orden en las programaciones de las asignaturas que no en la realidad del centro.
    Mientras tanto los profes seguiremos dando lo que podríamos llamar “flipy (por flipante) classroom”. Aulas en las que palabras como “horizontal o vertical” generan confusión. Clases en las que sencillas referencias geográficas son un problema, donde Alejandro Magno es un romano y el primer hombre en dar la vuelta al mundo es Willy Fogg.
   ¿Que no?. Para muestra un botón, sacado de la pura realidad en una clase de ESO, en este mismo año.
Profesor (P): -¿Cuantos cupones debes comprar para que te toque seguro , seguro - insisto- el cupón de la ONCE?.
Alumnos (A): - No lo sé- dicen a coro.
P: - Un cupón tiene cinco cifras..- insinúo, cómplice.
A1: - Cinco.
A2: - Diez.
A3: - ¡Cuarenta!. ¡No, cincuenta! – corrige con rapidez.
Cara del sorpresa del profesor.
P: -¿Tan pocos?.
A4: - Quiyo, tienen que ser mas.. unos cien mas o menos- dice alguien, mientras agita la mano....

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