HUMOR CIENTÍFICO

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¿Con qué se cura la anemia? Con Fe

lunes, 3 de marzo de 2014

HOMEOPATÍA O LA INTELIGENCIA DEL AGUA

     Cuando una plaga asolaba uan ciudad de la antigua, se consultaba  a un Oráculo la manera de terminar con ella. Habitualmente el oráculo pedía al Rey algún tipo de viaje con una misión expiatoria. Así el rey de Esparta, Menelao, tuvo que buscar los huesos de Prometeo y traerlos a su tierra.
    La misión solía durar meses , con lo que al volver la plaga estaba finalizada y el oráculo había acertado. Hoy diríamos que la plaga se había extinguido por si sola en el tiempo que duraba el viaje. Y todos contentos. Claro que si no era así, siempre se podía decir que la predicción se había malinterpretado o que se cometió algún fallo o sacrilegio durante el viaje.
   Algo parecido le ocurre a la homeopatía. Esta es un invento de S. Hahneman a finales del siglo XVII. Se basa en tres hipótesis:
   El principio de similitud: algo que produce en una persona sana los mismos síntomas que una enfermedad, es capaz de curar la enfermedad en la persona enferma. Hahneman dedicó una gran parte de su vida ha experimentar en sí mismo con sustancias naturales y descubrir qué síntomas producían, para recetarlas a  personas enfermas que padecían dichos síntomas. Hoy en dia, la homeopatía se basa en la lista de sustancias por él indicadas.
   El principio de dinamización o de los infinitesimales:  la capacidad de curar de cierta sustancia aumenta con su dilución. La necesidad de diluir la sustancia natural proviene del hecho de que era necesario evitar los efectos secundarios que las sustancias producían en los pacientes.
    Por ejemplo, el remedio recomendado contra la diarrea infantil es el trióxido de arsénico, un potente veneno de ratones. Pero se recomienda en una dilución 30C, lo que significa tomar una parte del compuesto y disolverla en 100 de agua… .repitiendo el proceso 30 veces. Haciendo cálculos resulta que la concentración es de 1 parte (molécula) de sustancia activa en 1060  partes (moléculas) de agua. Teniendo cuenta que 1 L de agua contiene 5’56 1025 moléculas de agua, esto quiere decir que necesitamos reunir 20000000000000000000000000000000000 litros de agua para encontrar una molécula del trióxido de arsénico. ¡No hay suficiente agua en la Tierra para reunir tal cantidad!. Claro que en aquella época no se conocía el número de Avogadro.
   Por lo tanto, cuando tomamos nuestro remedio homeopático, estamos tomando agua y sólo agua.
   El tercer principio es la “memoria del agua”: El disolvente “recuerda” las propiedades curativas del principio activo con el que ha estado en contacto. Esto se aplica tanto al agua, como al alcohol (si este es el diluyente usado) o el excipiente, si son pastillas homeopáticas.
   Éste último principio es necesario para explicar por qué funciona la homeopatía, dado el “éxito” del principio anterior. Claro que nuestra tercera hipótesis nos lleva a admitir que el agua es inteligente, pues “recuerda” los efectos supuestamente beneficiosos y “olvida” los efectos secundarios, así como las propiedades de otras sustancias con las que ha estado en contacto, como el propio vidrio del recipiente. Si pensamos que el vidrio produce en personas sanos los  mismos síntomas que la silicosis, ¿No serviría el mismo preparado para curar la silicosis?.
   ¿Han sido testada científicamente las hipótesis homeopáticas?. En 1988 se publicó en la prestigiosa revista científica Nature un artículo del homeópata francés Benveniste, asegurando que una dilución 30 X (diluyendo 30 veces 1 parte en cada 10) de un antibiótico, éste seguía teniendo respuesta biológica. Posteriormente un grupo de científicos reprodujeron el experimento y encontraron que los datos no sugerían las conclusiones de Benveniste.
   La reacción de los homeópatas fue la que se puede esperar en estos casos: mirar para otro lado. Pero no debemos quejarnos, ellos no hacen ciencia como los médicos.
    ¿Por qué entonces la homeopatía está reconocida y “funciona”?. Es cierto que algunas veces los pacientes tratados por homeópatas mejoran; pero esto es debido al efecto placebo. Es un fenómeno psicológico, por el cual los síntomas del paciente pueden mejorar mediante un tratamiento con una sustancia inocua.
  Como además resulta que no estamos tomando nada de sustancia activa, es el propio cuerpo el que se cura a sí mismo, lo que a veces es una ventaja: pensemos en el uso inadecuado de antibióticos para curar enfermedades víricas. En mi caso, el empleo sistemático de antibióticos para curarme afecciones de garganta me provocaba muchos problemas. Hasta que mi otorrino me diagnosticó faringitis aguda, que es una enfermedad principalmente inflamatoria y cuyo remedio es..… ¡mucha agua!.

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